Despierta
Sin rumbo pero hay que seguir
Hay poemas que quedan rebotando adentro mío, se repiten en loop, insisten dando vueltas para que entienda algo de ellos. Ahora pienso en ese poema de Bukowski que arranca así:
tengo un pájaro azul en el corazón que quiere salir,
Pero soy demasiado duro con él.
le digo: quédate ahí, no dejaré
que nadie te
vea.
Me pierdo fácil, me vuelo. Ya lo dije incontables veces. Es una sensación física: salgo volando. Y si no vuelo, me hundo, en lo profundo de un pozo de agua estrecho donde solo se puede bajar. Nunca aprendí a nadar pero en situaciones desesperadas el cuerpo busca el aire y patalea, de alguna forma, sube.
En mayo me propuse empezar a escribir artículos periodísticos, armarme un portafolio y salir a buscar trabajo de algo relacionado a ese mundo, pero en mi intento de armado de currículum me encontré con otras dificultades. Eran las 2 de la mañana, estaba sola en casa. Había tomado un poquito de cocaína, poco. Estaba sentada en la cama con la computadora, fumando junto a la ventana, cambiando la música a la mitad de cada canción y pensando obsesivamente en que quiero escribir pero no puedo pero tengo que escribir porque quiero otro trabajo pero no puedo porque quiero pero no. Empecé a teclear frenéticamente, a la misma velocidad de mi cabeza, que se dispersaba, acelerada pero errática.
tengo un pájaro azul en el corazón que quiere salir,
pero lo empapó de whisky y me trago el humo del tabaco
y las putas y los camareros
y los empleados de las tiendas
no sé enteran de que
está
ahí.
Venía de meses de salir de joda todos los días, sin falta. El miércoles era como mi viernes, después venían unos cuatro sábados seguidos, lunes y martes descansaba de la fiesta del exceso pero consumía sola mientras esperaba que se hicieran las 4 de la mañana para encontrarme con el encargado de un bar. A veces lo esperaba en su casa y jugábamos a ser novios aunque a mí me caía mal. Otras veces me autoobligaba a descansar esos dos días; comer y tomar Clonazepam para dormir. Y cerveza y porro al salir de trabajar, para mantener la calma.
No consumía mucho pero consumía todo el tiempo, excepto en la librería. El laburo siempre fue un límite que respeté, la única estructura que sostuve en mi vida. Salvo por las veces que me pasé de gira y tuve que mentir para faltar. Eso fue triste, porque trabajo a la tarde. Un sábado tenía que entrar a las seis de la tarde y yo no había dormido ni comido desde el viernes a la misma hora. Había estado unas 5 horas fumando en la ventana de mi amigo. Paralizada, con una presión en el pecho que no me dejaba respirar ni hablar ni llorar. Con todos los huesos tiesos, de vidrio.
tengo un pájaro azul en el corazón que
quiere salir,
pero soy demasiado duro con él.
le digo:
no te muevas, ¿querés
fastidiarme?
¿querés joderlo
todo?
¿querés cagarte la venta de mis libros en
Europa?
Quise escribir artículos periodísticos, poemas, cuentos, notas de crítica cultural, ensayos, pero cuando empecé a tipear me di cuenta de que tenía que parar de drogarme, necesitaba escribirlo para acordarme, porque me lo proponía todos los días pero me olvidaba y si lo dejaba registrado, quizás podía agarrarme de ahí. Entonces a la mierda mi currículum.
Aunque odio escribir sobre escribir, escribiendo me encuentro con lo que quiero decir, todos mis textos son como un primer vómito para ver si debajo de la autoobservación hay algo que se pueda independizar de mi. Y si, podría decirse que todo lo que escribo se independiza ni bien lo saco de adentro. Estoy en todo lo que cuento, pero a la vez no.
tengo un pájaro azul en el corazón que
quiere salir,
pero soy demasiado listo: solo lo dejo salir
a veces por la noche,
cuando todos están dormidos.
le digo: sé que estás ahí,
no te
aflijas.
La cuestión es que acá me encuentro, y últimamente volví a sentirme perdida. Me siento mucho más cómoda hablando como adicta que como adicta en recuperación. No me sale asumirme así.
Para parar de drogarme me propuse “hacer como si tuviese un problema” jugar a ser una drogadicta que no puede consumir porque no puede parar. Eso me sirvió, como si fuese mentira, porque si me lo decía de verdad no lo creía.
No creo haber estado tan mal, no creo haber tocado fondos tan hondos, no creo nada de mi narrativa, no sé cuál es mi narrativa pero creo que escribo para encontrarla.
Acá no me puedo esconder, y si me escapo, me alejo. Es una estupidez, porque la verdad es que estoy acá por mi.
Llevo 92 días limpia de drogas y alcohol. El viernes me dieron una medalla por los 90 días. ¿Se supone que siga así?
Hace tres meses estoy constantemente lúcida. Los primeros días me la pasé llorando, atravesando un cuadrito depresivo intenso alternado por episodios de abstinencia extrema.
Se supone que estoy mejor. Se supone que antes estaba muy mal, porque caí a Narcóticos Anónimos casi arrastrándome, después de escuchar infinidad de veces a mis amigas mandándome a pedir ayuda. Mi psicóloga me dijo que necesitaba ayuda y el bobo con el que salía me dejó diciendo que busque ayuda porque me estoy matando. No tenía a nadie a quien pedirle ayuda. Un día lloré con mis dos mejores amigas, les dije que las necesitaba, que no podía parar, que soy un loco desatado, que nada depende de mí. Solo podían darme un abrazo y ofrecerse a escucharme y hablar cuando lo necesite.
Estaba sola. Narcóticos anónimos me ayudó. Y me da vergüenza estar en rehabilitación.
Me gustaría haber hecho algo en estos tres meses de sobriedad. Escribí mucho, como una necesidad física y una actividad entretenida. Una práctica de fe o un ejercicio espiritual, algo así.
No pude cambiar de trabajo, ni mudarme, ni hacer nada de todo lo que quería hacer. Pero me di cuenta de que todo lo que siempre quise era una mentira. Construyo estructuras firmes para encasillarme en esos caminitos sin desviarme, pero me falta disfrutar. No disfruto, siempre estoy en el lugar equivocado. Si me estoy drogando quiero parar y si estoy sobria quiero drogarme, la incomodidad es constante.
Ahora puedo pensar con algo más de claridad. Puedo decir que ahora sí quiero tener el control de mi vida. No quiero dejarme en otras manos. Quiero elegir.
Falta saber qué es lo que quiero elegir.
Ante la duda, siempre digo que si. Los drogadictos son muy putas, esa es otra realidad.
Tengo miedo de olvidarme. De que me parezca una boludez ser tan rígida con la recuperación. Estoy orgullosa también, tengo un orgullo que se siente estúpido. Es secreto, anónimo. No quiero bajar más. Me acuerdo del fondo pero no lo siento propio.
Me acuerdo de estar de fiesta en fiesta todos los días, flotando en el aire, yendo a una velocidad excesiva. El día tenía 72 horas. Me acuerdo de estar en baños, en la calle, en antros, en recitales, en casas propias y ajenas. Me acuerdo del hospital, del penal y de la muerte. De los momentos de muerte, solo momentos, porque nunca llegué a Chacarita pero sé que ahí habría otra paz que yo no sentí. Yo estaba en mi infierno.
El infierno es encantador.
Estoy bien, viva de milagro. La locura desaparece, el vacío no. No sé que querría tapar. En ese momento era fácil identificarlo, pero ahora no. Quizás ahora no tengo nada que tapar y por eso no lo hago más. Vivo la vida a pelo, desde hace tres meses.
Ahora tengo que hacerme cargo de mi. Ser adulta. Ser responsable. Ser alguien con los pies sobre la tierra. Caminar.
En principio, tengo que hacerme el DNI. Porque hace tres meses lo perdí. Mi billetera se perdió y yo me quedé vagando en la misma cloaca donde cayó. No busqué mucho.
No sé dónde estoy ni por dónde seguir. Ya no quiero que haya vuelta atrás. Quiero borrar el camino de mis pasos. Partir desde un lugar desconocido es mejor que volver a dónde conocí el dolor. ¿Conoceré el dolor? Estoy entera, no me quemé la piel, no me agarró un ACV. No me dolió nada exactamente. Habré sentido apenas un poco de calor, pero fue suficiente. Mi verano, mi Averno.
luego lo devuelvo a su lugar,
pero se pone a
cantar: no lo he dejado morirse
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto,
y es muy agradable,
tanto como para hacer llorar
a un hombre,
pero yo no lloro,
¿y vos?
Cuando me tocó recibir la medallita por los 90 días limpia en NA, te dan un espacio para contar como hiciste. Yo tenía pensado un discurso muy sentido que había desarrollado durante el día, pero me salió una hacer un monólogo de stand up, dónde conté que estaba agradecida de estar menos loca que cuando llegué pero que sentía que iba a volver a drogarme en algún momento. No sé qué dije que fue tan gracioso como para que más de 30 personas se estallaran. Fue medio raro. Me aplaudieron. Es como cuando te cantan el feliz cumpleaños y no sabes que hacer, a dónde mirar.
Después fui a la fiesta que había armado para recaer en los vicios pero ya sin ganas. Pensé en pasar a saludar e irme. No entraba a un antro hace meses, menos a uno donde me la pasaba consumiendo. Tomé speed y escuché las bandas, estaba bien. Cuando fui al baño, una amiga medio borracha a quien no veía hace más de tres meses dijo que iba a entrar conmigo, que no me podía dejar entrar sola al baño. Le dije que estoy bien, que no me estoy drogando, pero ella dijo que no, que eso decía siempre, que hoy no me iba a dejar hacerlo. Le dije que se vaya y me deje mear en paz. No quería irse, pensaba que iba a consumir. La eche. Me dieron ganas de llorar. No había pensando en consumir hasta que me lo recordó. Quería decirle que estoy bien, que me acababan de dar una medalla por los 90 días limpia. Y cuando lo pensé me rompí. Y me acordé de la última vez que fui a ese lugar y lloré en el mismo baño porque estaba mal y cuando busque la bolsa, estaba vacía. Esa vez lloré sola y desconsolada. Me compré otra cerveza y volví con mis amigos como si nada. Esta vez lloré sola porque pensaba “estoy bien, no me quiero drogar” y no sabía si era emoción o tristeza. Retrotraerme a esos últimos días de consumo donde mis amigas se preocupaban cuando me veían ir al baño porque no sabían en qué iba a terminar ni qué hacer para que pare. Creo que lloré porque me metí sola en esto y sola estoy saliendo. Y me cayó la ficha de que salir no es fácil pero lo estoy haciendo. Nadie sabe que me esfuerzo todos los días por ser casi normal.
Ustedes lo saben y me acompañan.
Espero haberlos acompañado también.
Gracias.
¿Será que todavía puedo usar estos textos para mí portafolio? ¿No da, no?

No conozco el rubro merca, nunca fui a antros. Sí conozco de borracherías. En cada barrio nuevo donde me mudaba lo primero que hacía era ver dónde podía ir a tomar. Las actividades de mi día estaban estructuradas según los momentos en que podía hacerme una escapada para hacer sociales entre gente rota por el alcohol. Me parecía genial conversar con borrachos, como si allí estuviera la fuente de toda sabiduría. Desde la mañana, antes de tomar el primer bondi para ir a laburar, hasta la noche, con la última ginebra antes de volver a casa. Dejé eso hace 14 años. No pude solo, me tuve que meter mi ateísmo en el orto y aprender a confiar en un ser superior que me ayudara en el sólo por hoy. No me avergüenzo de haber estado ahí ni me enorgullezco por haber salido. Aprendí, por experiencia propia y de otras personas, que no hay que confiarse nunca más. En cuanto dijiste: "Ya estoy curado", cagaste. Creo que eso vos lo sabés, pero sabé también que te admiro por cómo podés poner tus fantasmas a la luz del día. La vida es linda, Ana, demasiado linda para hacer boludeces. Un abrazo.
Mi poema favorito de buk... Lo tengo tatuado 💜